
Por Iván Madero Naranjo
Ayer, jueves 25 de junio de 2026, asistí al World Trade Center de la Ciudad de México para ser testigo de un acontecimiento que, a mi juicio, posee rasgos de un momento histórico: el registro del profesor Raúl Morón Orozco como candidato a la Coordinación de la Cuarta Transformación en Michoacán, respaldado por MORENA y el PT.
Más de trescientas mujeres y hombres, provenientes de todas las regiones del estado, nos dimos cita en ese recinto. No era solamente una reunión política; era una expresión colectiva de esperanza. El ambiente se desbordaba en entusiasmo, abrazos, sonrisas y convicciones compartidas. Como si una sola voz naciera de cientos de gargantas, el coro resonaba una y otra vez: ”¡Un profesor será coordinador!”.
Hay consignas que el tiempo se lleva con facilidad; otras permanecen porque expresan una aspiración profunda. Esta parecía pertenecer a las segundas.
Durante su intervención, el profesor Morón anunció que, a partir de la próxima semana, iniciará un recorrido por todo Michoacán. Visitará secciones electorales, comunidades indígenas, cabeceras municipales y cada rincón donde exista un ciudadano dispuesto a dialogar. Desea escuchar a agricultores, ganaderos, obreros, estudiantes, jóvenes, intelectuales, científicos, deportistas, artistas de todas las disciplinas, así como a las mujeres y hombres que viven en nuestro estado y a quienes, desde el extranjero, siguen sintiéndose parte de esta tierra.
Al acto también asistieron senadores, diputados federales y locales, además de un nutrido grupo de dirigentes y líderes sociales. Sin embargo, más allá de la presencia de figuras públicas, lo que dejó una huella especial fue la sencillez del mensaje. Hay palabras que convencen por su elocuencia; otras lo hacen por su humildad. Estas últimas suelen encontrar un lugar más duradero en la memoria de los pueblos.
La democracia no vive únicamente en las leyes o en las instituciones; respira cuando las personas salen de sus hogares para encontrarse, dialogar y construir, desde la diversidad, un destino compartido. Ese ejercicio democrático ha comenzado oficialmente.
Al abandonar el recinto, comprendí que el verdadero desafío apenas inicia. Las consignas tendrán que convertirse en trabajo; el entusiasmo, en organización; y la esperanza, en resultados para Michoacán.
Por eso, con la misma emoción que recorrió aquel salón, vuelvo a decir:
”¡UN PROFESOR SERÁ COORDINADOR!”


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