
Por Alberto Herrera
En el largo camino que Blanca Lara ha andado por colonias y comunidades nos ha demostrado que no es un personaje que nade en la improvisación y en la falta de conocimientos que tanto daño nos han hecho de parte de muchas generaciones de políticos que han gobernado Uruapan. Ha dejado en claro también que no pertenece a esa clase social ávida de ese rancio deseo que de manera frecuente vemos que se da en muchas personas que arriban a los cargos públicos, donde los presupuestos van a parar a sus bolsillos, en detrimento de una larga fila de obras que son demandadas por la sociedad.
Esos son aspectos -la ignorancia y el enriquecimiento ilícito- que tendrían que estar fuera de foco para toda persona que busca representar a un conglomerado de la sociedad. Desgraciadamente, muchas veces la misma población, ya sea por revanchismo político, por sus ideales, coraje, o porque sus demandas personales no resultan satisfechas, alimenta el arribo a los cargos públicos de personas que nada aportan al desarrollo de una sociedad que cada vez se siente más lastimada y más abandonada.
La falta de preparación genera una profunda improvisación y una terrible dependencia. De tal manera que para engrosar los presupuestos o para atraer obras que no se pueden allegar con labor de gestión, es decir con la capacidad de quien gobierna, hay que inclinarse al político que está más arriba y ceder en aspectos muy sensibles, donde se pone en entredicho el sentido de equidad que toda acción debe tener para que el beneficio social alcance a todos por igual. Como muestra está el Teleférico de Uruapan, donde Carlos Manzo accedió a su continuidad a cambio de obras que si bien benefician al municipio, fue más el daño al darse el taponamiento de calles y la afectación a las familias en sus viviendas, sin hacer un recuento del daño causado a los ecosistemas de la ciudad.
Por ello -y por miles de razones más- es importante en el futuro tomar como sociedad decisiones apegadas al conocimiento que ya tenemos de nuestras necesidades. Ya basta de improvisar y de poner etiquetas a las personas sólo porque son de tal o cual partido. Blanca Lara está afiliada a Morena, y es una académica reconocida, pues fue Rectora de la Universidad Politécnica de Uruapan. Además, conoce como la palma de su mano la grave problemática social, política, laboral, de inseguridad y de falta de fuentes de empleo que padece el municipio de Uruapan. Ha hablado con miles de familias, quienes con confianza le cuentan de sus problemas y de su forma de vivir, mismas que dejan en claro ya no querer más de lo mismo, es decir, de gobiernos insensibles que sólo los usan en campañas electorales debido a la creencia de que les van a resolver sus necesidades.
El camino para esta luchadora social seguirá -así como empezó hace años- y quizás su búsqueda en materia política sea la presidencia municipal de Uruapan. Nada malo por supuesto, pues el municipio tendrá una opción alentadora, preparada, con conocimiento de causa de los padecimientos de la población, así como con la capacidad suficiente para la búsqueda de esas soluciones que hoy día parecen estar muy alejadas de los uruapenses. Para llegar a buen puerto, Blanca Lara ocupará de equipos de gente capaces, honestos y bien prestos a trabajar casi las 24 horas del día. De eso no hay problema, pues en el municipio hay miles que quieren que el entorno social y político cambie y con gusto se sumarían a una causa por la transformación y el progreso.


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