
Por Alberto Herrera
Aún sin procesar la dimensión real de lo que está sucediendo en su vida, Grecia Itzel Quiroz García ha tomado el cargo de presidenta municipal de Uruapan, una de las ciudades más violentas de México y quizás hasta del mundo. Apenas el sábado anterior, su esposo, Carlos Manzo, fue acribillado en pleno centro de la ciudad, ante una multitud que junto con él y su familia disfrutaban del recién inaugurado Festival de Velas.
En medio de esta confusión y de tanto dolor en el alma y en el corazón, Grecia Quiroz tomó ayer posesión del cargo, es decir, sólo cinco días después de lo que se debe considerar como un magnicidio, ya que la muerte de Carlos Manzo develó el cariño y la esperanza que gran parte de los mexicanos tenían en su persona.
Marchas y manifestaciones en diversos puntos del país y del extranjero han sido la constante para mostrar el repudio por tan artero crimen, el cual se compara con el de Luis Donaldo Colosio, ocurrido en Lomas Taurinas de Tijuana en 23 de marzo de 1994. Las marchas y exigencia por el esclarecimiento de este asesinato seguirán en los próximos días. Estás marchas están formadas por generaciones de jóvenes que, como Carlos Manzo y Grecia Quiroz, quieren un México nuevo, donde sus hijos puedan crecer sin violencia y con dignidad.
En medio de este marco muy difícil es que Grecia Quiroz asume la alcaldía de Uruapan, una labor harto riesgosa y peligrosa, si es que desea continuar el camino que recorrió Carlos Manzo. Ser presidente municipal apegado a los ideales de servicio a la sociedad es una profesión de alto riesgo, lo cual ha provocado en México la privación de la vida de 97 de ellos en los últimos siete años.
En el caso de Grecia Quiroz, por la delicadeza del asunto y por los reflectores puestos en ella a nivel mundial, su persona ha sido protegida desde ayer por un impresionante aparato de seguridad, el cual pidió a gritos Carlos Manzo desde meses antes de su asesinato. Fuerzas federales -ahora sí- la custodian en todo momento, lo cual hace pensar que está también en un inminente peligro y que está en riesgo su integridad personal.
Este es el difícil camino que tendrá que transitar la nueva alcaldesa de Uruapan, quien en algún momento habrá de convivir con los sectores sociales de la población, donde estará expuesta a cualquier cosa, desde un halago hasta una agresión. Nadie está a salvó de esto último en un país tan violento como el nuestro, y un ejemplo fue lo que vivió la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ayer en las inmediaciones del palacio nacional, cuando un sujeto ebrio la tocó sin su consentimiento.
Difícil panorama pues es este de los tiempos violentos no sólo en Uruapan, sino en todo el país.


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