
Por Alberto Herrera
Este día se recuerda como uno de los más tristes en la historia de Uruapan, ya que manos criminales acabaron con la vida de un joven periodista que bien pudo ser el hermano o el hijo de cualquiera de nosotros. Me refiero a Mauricio Cruz Solís, hijo de mi amigo Martín, al que después de años de no verlo un día por casualidad coincidimos en el centro de Uruapan y me comentó que su hijo era el creador y dueño del portal «Minuto por Minuto».
Ese día ví a Martín Cruz con un grato orgullo en su rostro, pues esa plataforma informativa siempre fue en ascenso, producto del trabajo que como director realizaba el joven treintañero Mauricio Cruz Solís. Durante años, la labor informativa de Mauricio fue in crescendo, hasta el punto de convertirla en una de las más importantes del estado de Michoacán.
En esa escala de crecimiento, producto de una ardua y extenuante labor periodística, fue que perdió la vida hace un año el joven Mauricio Solís. Su vida fue apagada por las balas que dispararon manos criminales que hasta la fecha permanecen en las sombras de la impunidad. Su muerte se registra como uno de los episodios más infames que se tenga memoria en Michoacán, ya que cayó abatido a unos metros del alcalde Carlos Manzo, a quien entrevistó sólo unos minutos antes.
Nada se hizo -ni se ha hecho- por atrapar a los agresores, pese al aparato de seguridad del alcalde, y más que nada, que el crimen se cometió en pleno centro de Uruapan, a tan sólo unos pasos de la Casa de la Cultura, que es el lugar que eligió el edil para despachar durante su trienio, dejando sin uso el edificio presidencial que ha servido a la ciudadanía desde tiempos del alcalde Agustín Martínez Maldonado, quien gobernó Uruapan a inicios de la década de los noventas.
Este día recordamos, junto con cientos más que se han dado en Uruapan, los hechos que han arrancado la vida a las personas, a los cuales nadie les mete mano a fin de ponerles un freno y que permita a la sociedad vivir en paz. Vaya, desde aquí, una exigencia a las autoridades encargadas de impartir justicia y de garantizar la paz social, para que se pongan a trabajar y que nunca más se den hechos tan dolosos como el que sesgó la vida de Mauricio Solís y de muchos casos más que aún permanecen en la impunidad.
Dejemos de ser una sociedad dolida y ausente, y unamos la voz para exigir justicia; una justicia que debe venir desde los órganos de gobierno, pero también exigida por una sociedad carente de miedo. Si hay temor, nunca tendremos los espacios llenos de paz que tanto anhelamos los michoacanos.
Un abrazo para mi amigo Martín y familia.


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