LA MENTIRA

Redacción Contextos, febrero 13, 2018

Por Rafael Morales González

Jefe de Tenencia de Gambara

Todos los hombres son buenos.
Juan es un hombre.
Luego entonces, Juan es bueno.

El silogismo es correcto. Sin embargo, es una falacia, porque una de sus premisas es inconsistente. En este caso, la premisa mayor.

No todos los hombres son buenos. Ni todos los que son buenos, son buenos con todos; como tampoco todos los hombres malos son malos con todos. Eso es relativo.

Ahora bien, la mentira y la verdad penden de un mismo hilo, pueden ser objeto de una misma oración, parte de un mismo discurso, como lo demostramos en la falacia que utilizamos como proemio a estas humildes líneas.

No todo lo correcto es verdadero, ni necesario es que, todo aquello que sea verdadero deba ser logicamente correcto.

La verdad y la mentira han sido parte inalienable de la cotidianidad de la historia humana. Los libros de historia son cómplices de los poderosos y saborean cuentos maravillosos, mágicos, que deleitan el saber de los entendidos.

La mentira ha sido maestra y compañera de grandes personajes, de reyes y de emperadores, de políticos y de gobernantes; pero también de humildes, de iletrados, de grandes y de chicos, de buenos y malos.

La mentira honra y corona las fechorías de los malintencionados, quienes calumnian a diestra y siniestra a los de nobles sentimientos, a aquellos que hacen el bien a los demás.

Quienes viven deshonestamente, gozan de la mentira y se esconden de la verdad. Pretenden engañar a los demás, en la misma medida en la que intentan engañarse a sí mismos. Juegan con la verdad, la cual ocultan en lo más profundo de su conciencia. Callan para sí lo que no quieren que sea común a los demás, e inventan historias; se reinventan cada día.

La mentira se pasea, dichosa y orgullosa por los pasillos sacrosantos de una falsa y fanática religiosidad. Tristemente se engañan a sí mismos quienes con corazón blindado alaban a Dios y desprecian a los hombres.

Lejos de la verdad están aquellos que, viven en la oscuridad de la codicia, en el egoísmo aterrador, despreciando la sencillez y el buen corazón de sus semejantes, aprovechándose de la nobleza de las gentiles almas.

La mentira encuentra amparo y refugio en el corazón de los malvados. Es consejera de perversos y gestora de divorcios, causa y efecto de sufrimientos.

La mentira es, como una ave carroñera que, come desde las entrañas hacia afuera.

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