EL PAPEL DEL HOMBRE EN EL UNIVERSO

Redacción Contextos, enero 2, 2018

Por Rafael Morales González

Jefe de Tenencia de Gambara

Según las Sagradas Escrituras, el hombre es el culmen de la creación del universo. Después de haber creado los cielos y la tierra, y todo cuanto existe, dijo Dios: “hagamos al hombre, a nuestra imagen y semejanza”; “y que gobierne sobre…” Esto, y muchas otras cosas dice la Escritura, elogiando y exaltando la imagen y el concepto del hombre, muy por encima del resto de la creación y de las cosas. Sin embargo, haciendo un breve y no muy profundo análisis, desde un punto de vista un poco racional, podríamos decir que, el hombre, como el resto del universo y Dios, son todo y parte de una misma cosa o esencia. Podemos explicarlo de la siguiente manera: Dios se piensa a sí mismo, y es el origen de sí, sin tener un origen en sí mismo, ni un principio, ni una causa que lo origine, ni lo determine, ni lo limite; que nada ni nadie pudo ser antes que Él; y que en la configuración y exhalación de la vida y de su propia esencia, tuvo a bien participarnos de su propia Naturaleza, de su energía viva o espíritu divino. Luego entonces, podríamos decir qué, el hombre es una síntesis de la creación de Dios y de Dios mismo. No es un objeto con el cual Dios se divierte haciendo figurillas de barro; ni tampoco es el hombre una creatura a la cual vigila ni para condenarla ni para darle un premio.

El hombre no es un juguete para Dios, sino un amigo, alguien a quien conoce íntimamente. Pero ésto el hombre común no lo comprende.

Por desconocimiento de lo más fundamental de la verdad, el hombre ha vivido durante siglos siendo esclavo, pues los dogmas sólo conducen al error y lo condenan a vivir en las tinieblas de una cómoda ignorancia.

Ha sido el hombre mismo, el fanático profano, suspirante y malicioso, el hombre no común, pero de espíritu perverso quien ha sumido a la humanidad en el pozo de la ignorancia, minando hasta lo posible toda luz de verdadero conocimiento, impidiendo que, una obra maestra, como el hombre, llegue al culmen de su perfección, al Ara de la Verdad.

Es muy lamentable que la humanidad, a lo largo de la historia, “a nombre de la verdad”, de una verdad a medias, de una verdad arreglada, o de una verdad convenenciera, haya emprendido, o emprenda encarnizadas guerras, luchas y actos inhumanos, con la consigna de cumplir una “misión” […] “¿divina?”, evangelizadora, democrática, “libertadora”, como las “justificadas” invasiones a países tercermundistas, donde la gente se está muriendo de hambre, y lucha por sobrevivir día a día, con tan sólo unos cuántos granos de arroz, unas galletas o un plátano. Pero eso sí, los masacran porque son pobres, disfrasados de enemigos de la humanidad o de “terroristas”; o como si se tratara de un encargo personal de Dios.

La destrucción de civilizaciones y de culturas, por tan sólo diferir de ideología o de creencia, por ser diferentes a nosotros, a aquellos que ostentan el poder, no tiene justificación alguna; jamás será obra de un buen hombre, al contrario, quienes ésto hagan, hicieron o harán, serán y son contados entre los enemigos y destructores de la vida y de la humanidad.

Por otro lado, y desde un punto de vista personal, sin atacar ni criticar los avances de la ciencia, pues, en verdad la ciencia es buena, hoy en día, yo me pregunto: si en verdad, algunos de los que se dicen nuestros sabios, aquellos hombres y mujeres que dedican parte de su vida y todo su trabajo al estudio del universo y a la perpetuidad de la especie, si van por el camino correcto.

Creo yo que, tarea más difícil y desgastante no hay para un verdadero hombre de ciencia que, buscar hasta la locura el origen de la vida. Y no quiero decir con esto que, el hombre no deba investigar su naturaleza, o el origen de la misma, al contrario. Pero no debe ser esto lo más importante; más bien, el tratar de conservarla y de asignarle un verdadero lugar en la escala de valores.

Sencillo es pues, el papel del hombre en el universo: PROTEGER LA VIDA Y EDUCAR PARA VIVIR; por ser el hombre parte y esencia de la vida, por llevar en el alma y en el espíritu la huella indeleble o la firma de su sabio Autor, quien diseña la vida, la ama, la regala y la bendice.

Desde un punto de vista liberal, podríamos decir que, el papel del hombre en el universo se resume a lo siguiente:

Amarse a sí mismo, cuidando siempre de su persona, de su existencia, de su preparación y de su crecimiento espiritual; del desarrollo de su intelecto, de practicar buenas costumbres; de rechazar toda aberración de la vida, como lo son las guerras, el homicidio, en sus múltiples manifestaciones; rechazar los vicios, enemigos de la virtud; combatir el hambre y la ignorancia.

Amar y proteger a los seres humanos, empezando por nuestras familias, nuestros amigos y nuestros vecinos, visualizando en ellos a toda la especie humana, ya que de ella formamos parte, en ella somos y sin ella morimos.

Amar a la Naturaleza, porque ella es nuestra madre, de ella venimos y a ella volveremos; conocerla y estudiarla es nuestro deber; vivir en armonía con los seres animados e inanimados que nos acompañan en nuestra travesía. Son parte de la Naturaleza y de nosotros mismos. No están en el mundo por error, sino para ayudarnos a comprender lo maravilloso y omnipotente que es nuestro Creador.

Amar a Dios, porque de Él emanamos, de su propia esencia, por eso somos inmortales; porque por Él y de Él tenemos la vida; porque nos da amor en nuestros semejantes, y nos regala su aliento cada día.

Ése es el verdadero papel del hombre en el universo.

*Labor omnia vincit*

Comentarios

Comentarios

, ,

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

abraham

abraham