POLVO DE ESTRELLAS

Redacción Contextos, diciembre 14, 2017

Por Rafael Morales González
Jefe de Tenencia de Gambara

Desde la aparición del hombre en la tierra, tanto el origen de la vida como la existencia de Dios, desde que el hombre inventó el lenguaje y la escritura, desde que ordenó la estructura de su pensamiento, estas dos cuestiones han sido objeto de estudio, tanto de la ciencia como de la religión.
Desde siempre el hombre ha tratado de explicarse su propia existencia y su origen, así como el origen de la vida; y sobre todo, quién es el responsable de toda esa maravilla que llamamos universo, y todo cuanto hay en él.
A todo lo anterior, el hombre ha buscado respuestas. Pero todas ellas sólo llevan a una misteriosa conclusión: Dios.
Con el discurrir de los siglos, las civilizaciones más respetables y desarrolladas formularon las más enigmáticas y misteriosas preguntas. Las preguntas eternas de todo ser intelingente siempre ha sido ¿quiénes somos y de dónde venimos? ¿quién nos creó? A ésto no hay respuesta alguna que contenga toda la verdad, pues el entendimiento del hombre es limitado.
Las verdades aprendidas por nuestro intelecto son parciales, moldeadas y adaptadas a nuestros conceptos, a los conceptos de un lenguaje pobremente desarrollado. Sin embargo, a través de la ciencia y de la religión, hemos buscado, generación tras generación, respuestas claras y concretas, propias de un entendimiento medianamente desarrollado.
Para los griegos, el origen de todo era el Caos. Luego, uno de estos creó al hombre, a imagen y semejanzs de los dioses.
Para Prometeo fue fácil crear al hombre, de la arcilla lo creó. Lo difícil fue aceptar el triste destino al que está condenado el hombre: a la voluntad y caprichos de los dioses. Por esta razón, Prometeo robó el fuego del Olimpo y lo obsequió a los hombres; mientras que Atanea les regaló algo muy preciado, su sabiduría. Con ello buscaban libertar a los hombres. Pero en esta concepción mitológica los hombres están sujetos a los dioses por medio de la oración. A través de ella les piden favores a los dioses y les piden que los libren de las calamidades!.
Para la cultura Indú, según el texto Rig Veda, uno de los textos más antiguos del mundo, el hombre es el resultado del sacrificio de los dioses. Según ésto, se trata de una forma primordial y divina del primer hombre emanado de los dioses.
Según el antiguo texto en comento, el ser humano está unido al árbol de la vida, por medio de un cordón de plata que tenemos en el hombligo, y según esta concepción, todos los seres vivientes nos encontramos en el centro del universo, y por medio del árbol de la vida no comunicamos con la naturaleza.
Para la tradición judeo-cristiana, y en ella se engloban desde los antiguos pueblos semitas, desde los tiempos de Abraham, Isaac y Jacob, hasta el elegido pueblo de Israel, llegando a tiempos modernos a creer en el origen de la vida y del hombre gracias a la creación divina, como resultado del infinito amor de Dios; de un Dios que tiene origen en sí mismo; que no es creado, pero que es capaz de crear y de dar vida, y todo por amor!.
En esta tradición, Dios creó al hombre de barro, y le dio el aliento de la vida, con un propósito, que fuera feliz! y que disfrutara de la magnífica creación de Dios, pensada sólo para el hombre, culmen de la creación divina, con una sóla condición: que no comiera del árbol de la ciencia, o conocimiento del bien y del mal.
Y como el hombre, según las Escrituras Sagradas, por naturaleza está inclinado hacia el mal, y con la ayuda o quizá más que ayuda, con la inducción de una bestia, no le fue fácil descubrir que era “injusto” que le prohibieran algo tan exquisito como lo es el saber. Lo malo, que como Dios se lo advirtió, la ciencia del bien y del mal condena al hombre al sufrimiento.
Por eso es mejor a veces no saber.
Desde un punto de vista diferente, entendiendo al hombre como un producto de la evolución de las especies, podemos apreciar que somos el resultado de una constante y continua adaptación de un ser vivo, que, a través de millones de años ha logrado sobrevivir, comprender y aprovechar diferentes tipos de hábitats; desde las copas de los árboles, las cavernas, los desiertos, y hasta las montañas más heladas, compartiendo y compitiedo con fieras por algunos alimentos.
¿Mas hoy en día, el hombre qué es? ¿Una especie decadente o una esperanza que promete alcanzar los más altos niveles de evolución de la raza humana? ¿Y de qué manera contribuimos para que una u otra cosa pasen?.

 

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