SIN PERFIL

Redacción Contextos, diciembre 6, 2017

Por ANTONIO TAVERA AYALA

CRISIS EN LA UNIVERSIDAD MICHOACANA DE SAN NICOLÁS DE HIDALGO” SEGUNDA PARTE, En la columna anterior señalé la primera parte de la historia de la Universidad y decía que han convertido en el negocio del siglo a la benemérita Universidad, 100 años les bastaron para acabarla, dos sindicatos, el de empleados y el de profesores, más todas esas decisiones de los rectores para cumplir caprichos de gobernadores, diputados y funcionarios de primer nivel del gobierno, para incrustar a personas en diferentes puestos tanto administrativos como de docencia, y si le agregamos que cada año los dos sindicatos piden aumento de sueldo, de prestaciones y cada vez se sindicalizan más personal, aparte de incrementar las cargas de los pensionados, sin tener ninguna base o sistema de jubilaciones, me refiero a que no contribuyan para ello los empleados y profesores, por lo que todo es a cargo de la institución, mi reflexión es, cuando los rectores negocian con los sindicatos las condiciones contractuales, se ponen flojitos y cooperando con el fin de no tener problemas, pero con una gran irresponsabilidad ceden sin realizar corridas o análisis financiero para poder determinar el impacto económico que implica un desajuste en las finanzas de la institución, creo sin ser muy especialista o conocedor de la situación, es lo que prevalece en la gloriosa Universidad, si le agregamos los altos sueldos que tienen los maestros y que a parte ni van a dar clases pues no hay instituciones que aguanten estos catorrazos, por eso insisto que en 100 años se acabaron a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, si de algo sirve les dejo la segunda parte de la historia de la benemérita: “…Una vez consumada la independencia mexicana, la preocupación principal del nuevo gobierno se centró en la reorganización nacional con base en un nuevo proyecto en el cual, por primera vez en este suelo, dentro de los rubros prioritarios, se consideraba a la instrucción pública. De esta manera las acciones tendientes a la reapertura del plantel se iniciaron durante el decenio de los años veinte decimonónicos. Tras una larga y penosa negociación entre la Iglesia y el Estado, el 21 de octubre de 1845, el cabildo eclesiástico cedió a la Junta Subdirectora de Estudios de Michoacán el patronato del plantel. Provisto de esta base legal, el 17 de enero de 1847 el gobernador Melchor Ocampo procedió a su reapertura, bajo la denominación de Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo. Con ello se inició una nueva etapa en la existencia de la institución. En la segunda mitad del siglo XIX, en las aulas nicolaitas irrumpieron la química, la física, la cosmografía, las matemáticas y la biología. Laboratorios y bibliotecas se enriquecieron con importantes adquisiciones realizadas por el gobierno michoacano en países europeos, a la vez que su patrimonio se incrementaba mediante donaciones que le confería el ejecutivo estatal provenientes de los bienes secularizados a los templos y conventos michoacanos. Los aires de renovación que por esos años se esparcieron en la entidad federativa fueron portadores de bases sólidas para creación de una universidad en Michoacán. Este proyecto se consolidó al triunfo de la Revolución Mexicana cuando, a escasos días posteriores a la toma de posesión del gobierno de Michoacán, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio adoptó la iniciativa, y el 15 de octubre de 1917 logró establecer la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, integrada por el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, las escuelas de Artes y Oficios, Industrial y Comercial para señoritas, Superior de Comercio y Administración, Normal para profesores, Normal para profesoras, Medicina y Jurisprudencia, además de la Biblioteca Pública, el Museo Michoacano, el de la Independencia y el Observatorio Meteorológico del estado. Como integrantes del primer Consejo Universitario se nombró a los directores de cada plantel; como rector, al ingeniero Agustín Aragón, quien a pocos días, por no aceptar la protesta constitucional a que lo obligaban los miembros del Congreso, renunció a su cargo. Frente a este contratiempo la naciente institución quedó a la deriva, hasta que, en 1918, se designó al doctor Alberto Oviedo Mota como encargado de iniciar las actividades universitarias. Al año siguiente, el Congreso nombró rector al profesor José Jara Peregrina, quien impulsó además acciones tendientes a consolidar la universidad. De ellas destacan la Ley Constitutiva y la creación de la primera partida presupuestal, que le permitió subsanar las necesidades apremiantes. En 1920, según la opinión del gobernador Francisco J. Múgica, la universidad continuaba «como un grupo de escuelas que marchaban independientes unas de otras». Para remediar esta anormalidad, el general Múgica modificó la Ley Constitutiva y nombró nuevas autoridades. Ignacio Chávez, joven médico michoacano recién egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, ocupó la rectoría. Durante su gestión se emprendieron profundas reformas académicas y administrativas, que incluyeron modificaciones a los planes y programas de estudio de todas las escuelas. La de medicina fue la más favorecida, al incorporar el nuevo rector, a su planta docente, una pléyade de médicos michoacanos: sus compañeros Salvador González Herrejón, Adolfo Arreguín Vidales y Manuel Martínez Báez, además del propio Ignacio Chávez, quienes impulsaron un giro trascendental a la docencia médica en Michoacán. Anualmente, a los alumnos con mejor promedio, la universidad otorga el Premio Padre de la Patria…” CONTINUARÁ. Amigos todos así es el panorama.  www.contextosmichoacan.com a sus órdenes

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