DEMOCRACIA Y LIBERTAD

Redacción Contextos, noviembre 6, 2017

Por Rafael Morales González
Jefe de Tenencia de Gámbara

¡Libertad! Uno de los conceptos más complejos, pero también uno de los más bellos que el hombre haya inventado.

Podríamos decir que la libertad tiene un origen divino, pues, toda criatura nace libre, y por derecho natural todos los seres humanos son iguales. Y en esa igualdad natural de todos los seres humanos, surge algo interesante, la necesidad de una autoridad que haga valer y respetar los derechos de los demás, así como tener la potestad de regir y gobernar a todos por un tiempo determinado, mediante el noble ejercicio del poder. Y ese poder es otorgado por todos y cada uno de los iguales, comprometiéndose así a sujetarse a un código de normas dictado por la sociedad y a un esquema de políticas públicas, con el propósito de garantizar la convivencia, la gobernabilidad y el respeto de los más fuertes a los más débiles, así como proteger los intereses tanto de unos como de otros.

Para ostentar el ejercicio del poder primero hay que ser electo, obvio, y para ser electo se debe cumplir con algunos requisitos: tener un modo honesto de vivir y ser confiable para los electores, estar preparado para dirigir y gobernar.

Pero ¿cómo se ejerce el derecho de elegir o de ser electo en un sistema en el que todos somos iguales? Para esto tuvieron que pasar miles de años, monarquías e imperios, civilizaciones completas desaparecieron; se experimentaron diferentes formas de gobierno, hasta que aprendimos que la democracia, sistema que, hemos comprobado actualmente que tampoco es perfecto, era y es la más factible forma de gobierno, pues involucra a todos los iguales, a quienes hoy en día llamamos ciudadanos, quienes, con responsabilidad, haciendo uso de su libertad, de una libertad que no los hace ni buenos ni malos por el simple hecho de participar en una elección.

Ahora bien, en toda democracia debe prevalecer la libertad.
Estos dos conceptos, democracia y libertad no pueden existir el uno sin el otro.

No se puede ser libre, o mejor dicho, no es posible comprender o concebir la libertad si no podemos elegir nuestra forma de gobierno y a nuestros gobernantes; como tampoco podemos tener una democracia si los iguales no tienen la posibilidad de reunirse y asociarse para buscar una forma de gobierno acorde a las necesidades de la sociedad donde vive.

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